Las pequeñas Antillas

Mayoritariamente de origen volcánico conforman un
grupo heterogéneo de paisajes y recursos variados.

Texto de Juan Esteban Gasco Dellepiane

Caneel Bay - St. John Saba St Barts St. Croix - Carnaval St. Croix St. Thomas - Charlotte Amalie  Trunk Bay - St. John VirginGorda - TheBaths

Las Pequeñas Antillas o Antillas menores se extienden hacia el sur desde la isla de St. Thomas hasta Grenada  conformando un gran arco que ofrece al navegante un área de crucero de inigualable variedad. Algunas de las islas son chatas, secas y barridas por los vientos, con costas circundadas por arrecifes de coral, mientras otras emergen del Mar Caribe en forma de pujantes montañas que durante todo el año atrapan la humedad de los alisios convirtiéndola en espectaculares cascadas que estallan desde el interior de la lujuriosa vegetación que las cubre.
De igual manera el aspecto de los pueblos que las habitan varía sustancialmente, yendo de la aún virgen pero desesperadamente pobre Dominica al buen pasar de los franceses de la cercana Martinique.
Pese a que el entorno ha cambiado notablemente desde el primer crucero por el arco antillano realizado con el Pilgrim en 1979 hasta los llevados a cabo con el Pilgrim II ya en el siglo XXI, debido a los grandes emprendimientos urbanísticos para el turismo, el exponencial incremento de cruceristas que aprovechan los servicios que brindan innumerables nuevas marinas y lamentablemente a la oscura presencia del narcotráfico en algunas áreas, las islas aún conservan rincones de apacible belleza.
A menos de que se disponga de una temporada completa es prácticamente imposible recorrer todas las islas de una sola vez. Disfrutar de manera tranquila y natural de la paz que inunda la vida en estas islas tropicales y lograr un exitoso crucero dependerá fundamentalmente del tiempo que le lleve darse cuenta de que su muy cuidadosamente elaborada agenda merece ser arrojada por la borda. El punto de partida y el área elegida para recorrer dependerán también de sus preferencias de crucero.
Si gusta de fondear en lugares tranquilos al tiempo que efectuar pequeñas excursiones entre pequeñas islas cercanas entre sí, sin apartarse de la civilización, entonces las Islas Vírgenes es su destino.
Si además quiere poner al barco y a la tripulación “a punto” puede partir de St.Thomas atravesando el resto de las Vírgenes, cruzar el Anegada Passage en demanda de St. Martin o Anguilla y finalizar con una pierna a Antigua. De esa manera tendrá una percepción de la diversidad de las islas y una acabada idea del temperamento colonial francés, holandés e inglés.
Quién dentro de sus expectativas incluya el buceo, exploración submarina o tan solo snorkelling debe considerar visitar Anguilla, Barbuda o Anegada. Los arrecifes en esas islas son vastos e inagotables en vida marina y en la variedad de sus formaciones.
Si el caso es que se dispone de tiempo y el deseo es enfrentar un largo crucero más allá de Santa Lucía o Dominica podrá ver en un próximo análisis y en forma puntual lo que ofrece cada isla y los circuitos posibles en detalle.
Las condiciones meteorológicas a lo largo de las islas son bastante predecibles. De diciembre a abril inclusive los alisios soplan con su máxima fuerza con una media entre 18 y 23 nudos del este, aunque durante esa época del año se pueden experimentar en contadas ocasiones valores de 30 a 35 nudos con ráfagas de hasta 45, siempre del ENE o ESE.
El resto del año la media se mantiene entre los 12 y 15 nudos y el ángulo de incidencia se abre variando entre el NE y el SE.  Durante agosto, septiembre y octubre, además de ser los meses de máxima ocurrencia de huracanes en el Caribe, el calor se hace sentir con fuerza aún en mar abierto.
Las olas a las que la constancia de los alisios empuja hacia el oeste se ven atrapadas en los cuellos de botella entre isla e isla acelerando su marcha, incrementando su altura y formando en los extremos de algunas de ellas áreas relativamente turbulentas pobladas de remolinos; por lo que es una buena táctica ganar barlovento en el extremo de una antes de “saltar” a la próxima. Cuando el velero deja una isla alta se encontrará generalmente con que el viento sopla más fuerte que en el medio del canal que la separa de la siguiente y una vez a sotavento de ésta nuevamente volverá a incrementarse.
Si al abandonar una isla como Dominica o St. Vincent las condiciones son tan marginales como para tomar rizos espere unos diez minutos más o menos y verá cómo una brisa para “todo paño” sobreviene inmediatamente.
A barlovento de las islas las cosas son diferentes. Allí los chubascos y la altura de las islas modifican las condiciones considerablemente. Estos chubascos, muy comunes aún en una masa de muy baja inestabilidad, aunque efímeros, con no más de cinco a diez minutos de intensa lluvia y vientos 15 nudos por encima del normal, reducen la visibilidad casi a cero obligando a filar apresuradamente todo y prepararse para una momentánea “paliza”.
Si la idea es salir hacia el sur desde las islas Vírgenes Británicas, el punto tradicional de partida es Round Rock Passage ubicado al SE de Virgin Gorda. Muchas tripulaciones, envueltas por el ensueño de los posters de turismo, inician el primer tramo de 81 millas hacia Philisburg en Sint Maarten considerándolo una bagatela, pero la cara oculta del Anegada Passage suele a veces dar por tierra con su entusiasmo. Aunque los alisios del NE permiten que hasta el peor de los veleros llegue a ese destino sin mayores problemas, el cruce de esas aguas no debe ser tomado con ligereza pues muchas veces se tornan confusas al no guardar su comportamiento ninguna relación con la intensidad y dirección del viento. La corriente normalmente tiene una dirección noroeste u oeste, pero en algunos lugares parecería volverse caprichosamente independiente.
Pero si bien el Anegada Passage suele ser impredecible y en algunas circunstancias relativamente dificultoso, también es cierto que una vez superado el navegante se encontrará en las condiciones de navegación más perfectas del mundo.

Algunas consideraciones al navegar la zona

Ninguna carta del área es absolutamente segura. La batimetría disponible corresponde a relevamientos efectuados principalmente a mediados del siglo XIX y las fuerzas de la naturaleza, el crecimiento de los corales, los bancos de arena siempre en movimiento han introducido con el tiempo profundas y mayormente ignoradas modificaciones . En el Caribe saber leer el agua es tan importante como saber leer una carta. La navegación por contacto visual y bajo constante vigilancia “con los ojos bien abiertos” (eyeballing en el lenguaje caribeño) es la llave de la seguridad y el éxito en las islas. Un ejemplo que pone de manifiesto esta circunstancia que no debe ignorarse son las continuas llamadas que efectúa Garmin en su cartografía digital. (Considere que Garmin es incapaz de verificar la integridad y/o exactitud del posicionamiento en esta carta por lo que se deberá tener precaución adicional cuando se navegue en este área).
Si es posible elegirlo, no ingrese a un puerto desconocido de noche. Es común encontrar el lugar saturado de barcos, con luces de la costa que confunden y aún con embarcaciones fondeadas sin las luces correspondientes.
Lea  cuidadosamente el derrotero o la guía de que disponga antes de emprender una nueva etapa, prestando especial atención a las condiciones del próximo fondeadero elegido. Si su derrota lo lleva a la costa oriental de las islas recuerde regresar temprano para evitar el sol de frente.
Durante los meses de mayo, junio y julio el nivel de las aguas del Caribe es menor entre 30 y 45 centímetros respecto a su nivel en el invierno llevando a casi 1 metro la diferencia entre los valores de sicigia.
No ceda a la tentación de nadar ni lavarse en tranquilos arroyos o riachos por transparentes y tentadoras que sean sus aguas en Martinica, Guadalupe, Santa Lucía o St. Vincent pues la mayoría se encuentran infectados por el parásito de la esquistosomiasis.
Evite fondear en las calas de la costa oeste de St.Vincent como bahía Cumberland. En todas proliferan los boat boys que intentan a toda costa ayudarlo a maniobrar o asistirlo y a quienes se le atribuyen actos de violencia.
Tenga precaución al comer peces que haya capturado en los arrecifes por el peligro de la ciguatera, particularmente en las Vírgenes y otras islas al norte de Antigua. La barracuda y el pez limón se encuentran a la cabeza de los sospechables.
En muchos lugares se verá obligado a fondear a la mediterránea. Normalmente es una maniobra simple a excepción de juzgar la distancia justa para arrojar el ancla. Como es preferible sobrestimar que quedarse corto file la profundidad en pleamar por cinco si usa cadena y por siete si es cabo. Luego arrastre el ancla tres a cinco metros para asegurarse.
No incluya en sus planes depender de energía eléctrica. La variedad de voltaje y ciclaje en las islas es enorme y en la mayoría de los casos la potencia brindada en los muelles casi nunca cubre el consumo necesario, por lo que en caso de no disponer de generador la disponibilidad de frío para alimentos y bebidas, materia indispensable en esos lugares, debe ser brindada por un compresor acoplado al motor.
Tenga a bordo los repuestos necesarios. Los aranceles aduaneros son el principal ingreso de las islas por lo que tener que ordenarlos fuera de su territorio aduanero es ingresar en un via crucis hasta obtenerlos.
Respecto a la seguridad personal tenga en cuenta que hoy en día la mayoría de los actos de piratería en esos lugares son un subproducto del tráfico de drogas practicados paralelamente por quienes han aprendido lo fácil de quebrar las leyes, a escapar impunes o enfrentar la levedad de las penas. Gracias al avance de las comunicaciones estas actividades no permanecen en secreto por lo que al arribar a un nuevo destino solo preguntando sabrá inmediatamente cuáles son los lugares a evitar. De todas maneras recuerde que los señuelos más comunes son los que además de parecer inocentes reclaman una acción inmediata. Por ello ante un pedido de auxilio, apariencia de emergencia, pedidos de agua, y otras ocasionales artimañas prefiera tercerizar la respuesta mediante una comunicación radial. Las islas ubicadas más al norte en el arco, llamadas de Sotavento o Leeward Islands son las más seguras.

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